miércoles, 15 de enero de 2014

“LA ADOPCIÓN ES UN AUTÉNTICO CAUDAL DE FELICIDAD”

Esta entrevista realizada a Pilar Rahola es ya antigua, del 2009, pero nos ha parecido interesante rescatarla por lo que cuenta de su experiencia adoptiva.
Doctora en Filosofía hispánica y catalana, durante años periodista en televisión y prensa, pero sobre todo madre. Pilar Rahola tiene una hija biológica, un hijo adoptado en España y otra hija adoptada en Siberia. Por lo tanto, conoce dos procesos de adopción completamente diferentes y acercó su vivencia a unos 50 estelleses.
¿Qué le diría usted a una familia que está planteándose adoptar a un niño?
Yo nunca aconsejaría adoptar a nadie, pero si alguien ha tomado la decisión le diría tres cosas. La primera es que va a tener que luchar mucho, es una carrera de obstáculos y a veces son complejos; que el camino es duro pero extraordinario y que se preparen para vivir el momento más extraordinario de su vida. Yo, que he vivido la maternidad biológica y la adoptiva, sólo os puedo decir que con mi hija biológica no me acuerdo del primer beso que le di, porque seguramente le di montones de besos desde el primer minuto, pero recuerdo el primer beso de mi hijo adoptivo, porque tardé tres meses en poder tocarle porque tenía miedo a los adultos. La adopción no sólo es un acto de vida, de construcción interior y de amor, es también un auténtico momento y un auténtico caudal de felicidad.
Ha adoptado dos veces, una en el extranjero y otra en España. ¿Qué diferencias hay?
Ciertamente tengo maternidad biológica, maternidad adoptiva en España y maternidad adoptiva internacional. Fue más fácil en España y, a la vez, más duro. Porque en España, cuando adopté a mi hijo Noé, que ahora tiene 17 años y ya hace mucho tiempo de ello, la burocracia fue lenta, pero fácil porque no tienes que llevar traducciones compulsadas ni cincuenta mil millones de papeles, no te vas a un lugar del mundo que no está en ningún mapa, estás aquí parece más sencillo, pero al mismo tiempo, como entras en un proceso de adopción preadoptiva, te quedas en esa especie de limbo, ese agujero negro donde nunca sabes si puede pasar algo por lo que finalmente no tengas a ese niño.
¿Cuánto tiempo estuvo usted en el periodo preadoptivo?
Yo pasé un año y medio desde que me dieron a Noé hasta que finalmente fue mi hijo. Ese año y medio fue un año de mucho miedo. A pesar de que había sido un niño con maltrato había petición de visitas por parte de sus padres biológicos, que finalmente no se presentaban. Era un subir y bajar permanente del estado de ánimo del niño durante su reconstrucción y finalmente siempre estabas pendiente de que un juez dijera “que vuelva que con sus padres, por si acaso”. Ese año y medio fue de una dureza tan brutal que yo no me volví a atrever a adoptar en España dije “me voy, me voy donde sea” y me fui a Siberia porque me llevó el mundo hacia allí.
¿Cómo es el proceso allí?
Te vas lejos, pero al menos en el momento en el que yo pasé la frontera con mi hija y mi pasaporte y su pasaporte, yo ya sabía que era mi hija, ya no había incertidumbre, ya no había miedos. Todo tiene su dificultad, estate peleando en español con traductor ruso en un pueblo perdido de Siberia, con una especie de jueza inmensa cargada de medallas que te está mirando con cara de odio. Es duro, pero al día siguiente Ada era mi hija. Aquí el juez era muy amable, muy simpático, pero tardó un año y medio en decidir y ese año y medio no se lo quiero a nadie.
¿Considera que contar con asociaciones como Afadena ayuda?
No tengo ninguna duda de que contar con una asociación sin ánimo de lucro con voluntad de ayudar, con voluntad de servicio público es como si los amigos te acompañasen. El camino es solitario, siempre en el mundo de la adopción como en el cualquier ejercicio de maternidad y paternidad es un acto individual, pero en la biológica te acompaña la familia, la gente que te quiere. En un proceso de adopción, que te vas lejos a mundos que no conoces a veces hay problemas por el camino que no sabes resolver y tener a un grupo de gente que se convierte momentáneamente en tu familia y te va acompañando por el camino te ayuda, como cuando surgen problemas y te orienta diciéndote “pues llama a esta puerta”. Hay momentos en los que tú no sabes cómo respiras porque en el fondo este tipo de asociaciones son el oxígeno que te falta cuando estás a punto de desfallecer, porque a pesar de que vas a vivir un momento extraordinario en tu vida que es cuando tus ojos se cruzan con los de tu hijo, hasta que llegas ahí, a veces te vas ahogando y entonces hay gente que aparece por el camino, que no la conoces de nada y te dice “te acompaño” y eso es extraordinario y, realmente, muy útil.
¿Qué momentos son los más duros?
Cuando estás en un proceso preadoptivo, antes de llegar a la adopción estás hipersensible. Es como si estuvieras embarazada y de golpe sabes que a alguien le ha pasado algo y entonces te preguntas ¿irá todo bien? Cada vez que hay una llamada oficial del Gobierno autonómico, en este caso, o cada vez que llega un papel certificado o cada vez que llama un policía a la puerta porque hay un papel de los juzgados, ésos son momentos de extrema dureza porque realmente dependes de que un hombre o una mujer diga sí y se te acaba todo o diga no y todo empieza para tu horror.
En el año y medio en el que estuvo en preadoptivo, hubo algún momento que fuera extremadamente duro y en el que tuvo miedo.
Sí. Noé fue un niño maltratado que tenía muchísimo miedo y, por ejemplo, cuando vio la bañera llena de muñequitos de goma empezó a chillar de miedo, él nunca se había bañado, y se tiró en el suelo y no quería que lo tocaras y yo, que soy besucona, no lo podía besar. Al final fuimos directamente, como construyendo la relación y de golpe dijo el juez que tenía que haber visitas del padre. Ese padre que le había creado tantos problemas a un niño de año y medio. El primer día que subí al coche y le tuve que explicar, ahora vamos a ir a un sitio y te va a coger un señor que te va a llevar a otro sitio donde va a estar tu papá biológico, ¿cómo explicas eso a un niño que está empezando a olvidar? Y fue tan duro para él y tan duro para mí, que aún ahora que han pasado 16 años me emociono. La verdad es que ese día se hundió él, me hundí yo, el padre no apareció, pero nosotros vivimos el sufrimiento y todo lo que habíamos ganado lo volvimos a perder. Esa noche tuvimos pesadillas los dos. Esa noche todo fue terrible, volvimos hacia atrás. Fue el peor momento. Luego esto se repitió otras veces, pero nunca como la primera vez. Hasta que un día el juez dijo “como no se ha presentado, quitamos las visitas” y ganamos un peldaño.
Su libro “Carta a mi hijo adoptado” se ha convertido en un referente para padres adoptivos. ¿Se lo esperaba?.
Cuando la Editorial Planeta me planteó hacer un libro sobre mi experiencia como madre adoptiva, dije que no. Porque me daba pánico, porque pensé: “Dios mío, este libro tiene un solo lector, que es mi hijo. ¿Cómo le explico a mi hijo mis miedos, mis dudas?” porque por el camino dudas, y “¿le explico todo?, ¿tengo el derecho y también el deber de ser absolutamente sincera o quizá no tanto? ¿Quizá hay aspectos duros de su proceso que le debo ahorrar?”. El libro fue un ejercicio de honestidad y de sinceridad con él y conmigo, no me preocupaba nada el lector externo porque me preocupaba mucho el lector interno, tardé tres meses en decir que sí, y el primer día que escribí la primera frase, para probar, me di cuenta de que sí, que podía escribir el libro, porque era una carta para él y vería cómo los padres somos también vulnerables y frágiles, y al final es un camino de temor y de crecimiento personal. Al final resultó que como el libro había sido muy sincero y muy interno, sirvió para el exterior. En resumen, al principio dije que no, no lo hubiera escrito nunca y de golpe fue el único libro que me hubiera gustado escribir.
¿Cómo fue el momento en el que su hijo lo leyó?
Aún no lo ha leído. Quiso estar en la portada, fue él el que me pidió “oye si hablas de mí, quiero salir en la foto”, a pesar de que es un niño tímido, quiso estar. Es su historia, todos sus profesores han tenido cada año su libro, es decir que todo el mundo lo conoce y él no lo ha leído. Un día le dije “¿no vas a leer tu libro?” Y me dijo “algún día, no hay prisa”. Tampoco me pregunta. Yo creo que Noé tuvo su momento de dolor y ahora está muy bien. Ya abrirá esa puerta algún día. No pregunta, no tiene interés, tiene su libro allí. Está tranquilo, sus problemas no pasan por este tema, pasan por aprobar y por las chicas, es una hormona andante con 17 años, entonces ¿qué le explicas? Al final, el proceso adoptivo se convierte sólo en una maternidad y entonces has vencido.
Fuente: Noticias de Navarra
Si este artículo te parece interesante, compártelo.

miércoles, 1 de enero de 2014

SOBRE LAS HISTORIAS DE LOS NIÑOS Y NIÑAS

Reflexiones del blog del Centro Alén, de atención psicológica a la infancia
Me quiero acercar a los padres y madres adoptivos desde la admiración y el respeto que me produce el pensar en todos los procesos  por los que pasáis para ofrecer lo mejor de vosotros a vuestros niños a quienes, en mayor o menor medida, habéis conocido con la función de sus vidas ya comenzada.
Si ya de por sí  puede ser duro el admitir las historias de vuestros hijos e hijas que a veces  vienen acompañadas de abandono o maltrato, me imagino lo difícil que puede resultar el hecho de hablarles de ellas. Con el fin de proteger y evitar dolor a los niños, podéis decidir “no saber” o dejar en el lado “de lo que se calla” algunos de los capítulos sus vidas, intentando sofocar emociones que, al no expresarse, pueden provocar confusión y  manifestarse como síntomas.
Más allá del hecho de  revelar o no información como algo puntual,  el acompañar a vuestros niños en el camino de recomponer y entender su historia, es un proceso lleno de matices y emociones por el que será inevitable caminar.
Os invito a reflexionar sobre algunas de las razones, que pueden  llevaros a los padres y madres a posicionaros de una u otra forma: Las creencias que todos tenemos sobre cuestiones como qué información es adecuado compartir o no con otras personas, o sobre cuál es la manera correcta de afrontar las dificultades (si es bueno o no el mirar atrás, si hay que resolver los problemas individualmente o lo contrario,…), creencias sobre si es adecuado hablar de emociones o si aceptamos determinadas costumbres de otras culturas o grupos sociales de los que provienen vuestros hijos e hijas, … nos dirigen de forma inconsciente hacia una u otra postura.
Tenemos también unas ideas previas sobre la manera de educar a los niños y niñas y sobre las necesidades de la infancia y su desarrollo, que en alguna medida determinarán la manera en se es padre o madre. Jose Luis Gonzalo, en su libro “¿Todo niño viene con un pan bajo el brazo?”, nos habla del “auto-referencial”, como “el conjunto de creencias, vivencias, experiencias… que tendemos a repetir convencidos de que producirán el mismo efecto que se produjo con anterioridad” y que en el caso de los padres y madres adoptivos, sería el aplicar sus propias experiencias de vida en la comprensión de qué le sucede y qué necesita su hijo o hija.
Ser padre o madre adoptivo, presenta el reto de cuestionarse este auto-referencial, para adaptarlo a unos niños y niñas que han pasado por realidades complicadas, con lo que tendrán también una sensibilidad especial y necesidades concretas, como con lo relacionado con la comprensión de su historia y realidad familiar .
Hay más elementos que pueden influir porque comenzar a revelar, a veces supone enfrentarse a duelos personales, que pueden suponer emociones como rabia, miedo o dolor: la existencia de pérdidas anteriores sin asumir, el miedo a ser rechazados, la aceptación del desconocimiento sobre la biología de los niños, el proceso pasado para la adopción, los habituales sentimientos de culpa. Enfrentarse y elaborar estas vivencias y emociones puede tener un efecto reparador.
Así, vemos como en la decisión de qué tratar con los niños, puede haber múltiples razones más y menos evidentes. Creo que es bueno pararse a considerar las de cada uno, a ponerles nombre e incorporarlas en la posición a tomar, para hacerlo desde la conciencia.  Puede ayudar el preguntarse sobre qué es lo que  preocupa de “lo que se calla”: qué sentimientos genera, qué temores, con qué tabúes se relaciona,… o  sobre qué heridas sin curar está haciendo daño porque, seguro que casi todo padre y madre adoptivo han tenido la tentación de no querer saber, o de no querer contar.
Estas reflexiones nos incumben también a los psicoterapeutas que participamos en estos procesos. Primero porque como personas, tenemos  creencias poco conscientes que debemos de identificar y contrarrestar con conocimiento, pero también porque tenemos que ser sensibles a las razones que subyacen en los padres y madres y a sus construcciones de la realidad, para facilitarles el camino y llenarlos de motivos para amar a sus hijos con todo su pasado y todas sus singularidades.
Estos motivos para hablar con los niños y niñas y las recompensas por hacerlo, son más poderosos que las dificultades que haya que superar. Se trata de integrar el pasado para acompañar mejor en el presente y en el futuro, y se trata de construir la identidad de  los niños y de la familia desde una base de verdad, facilitando que las relaciones sean  de confianza y tengan coherencia.
Cuando en la familia hay secretos, los niños pueden notar que hay algo extraño y generar sentimientos de desconfianza o comportamientos para poner a prueba las reacciones de la  familia. Es posible que debido a sus experiencias tempranas  tengan una sensibilidad especial a cualquier gesto que implique aceptación o rechazo. Es precisamente el establecimiento de una relación confiable y afectiva, el mejor medio para ayudarles a resiliar sus carencias  o experiencias, dándoles sentido y significado. Si un niño o una niña, percibe que el tema de su origen e historia no es bien aceptado o que provoca rechazo (y recordemos su sensibilidad a las reacciones en sus papás), puede ir dejándolo de lado y sufrir las consecuencias de que sea su propia imaginación quien se encargue de responder a sus dudas y de ordenar sus confusos recuerdos.
Cyrulnik , nos habla de cómo es más terrible lo imaginario que lo real, porque lo real tiene un punto de esperanza que puede dar al niño la ocasión de representarse lo que ha sucedido y darle un sentido. Nos explica en  “El murmullo de los fantasmas”, como precisamente es el dotar de significado y dirección a las experiencias, una de las claves en los procesos de resiliencia. Es importante que no quede en el terreno de la imaginación de los niños cuestiones  como su abandono, porque es allí donde más daño le puede hacer. Todos los niños se hacen preguntas como: “¿Qué quieren mis papás de mí?”, pero si la pregunta que se hace un niño es: “¿Qué es lo que no quisieron de mí?,  o: “¿A mí, por qué me abandonaron?”, serán esas figuras confiables quienes puedan ayudarle a aceptar los hechos de su historia y ponerle nombre a las emociones que le genere, dando coherencia y continuidad al resto de acontecimientos de su vida, para poder aceptar su realidad.
Puede haber  más pensamientos que asalten la imaginación de un niño o niña con vivencias de negligencia o abandono (relacionados con atribuirse culpas, miedo a que se repitan hechos traumáticos, pensamientos sobre la inconsistencia de las relaciones familiares,…) y que  si no se desmontan, les pueden  causar sufrimiento a ellos y a sus familiares quienes pueden  interpretar erróneamente lo que le esté pasando al niño porque sus señales sean poco claras. Es de nuevo a través de esta relación de seguridad y permanencia, como pueden lograr reinterpretar sus vivencias, transformándolas en elementos de fortaleza. Hay más razones para ayudar a los niños y niñas a resignificar  sus experiencias pasadas: su importancia para la constitución de su identidad, sus consecuencias en el sentimiento de pertenencia y  permanencia en su familia adoptiva, la posibilidad para incorporar en la memoria de la familia a aquellas personas o momentos del pasado que fueron significativas para los niños,…  y ofrece la posibilidad a los padres y madres de comunicarse en mayor sintonía con los niños, interpretando sus limitaciones cuando las haya, pero siendo al mismo tiempo el sostén para superarlas.
Sé que para los padres adoptivos de los niños y niñas que lo han tenido más difícil, puede ser complejo y que en algunas ocasiones, necesitarán de ayuda profesional, pero también que todas las experiencias favorables que les hacéis experimentar  a vuestros hijos e hijas, les estarán ayudando a transformar los hechos dolorosos en recuerdo, y la fragilidad en fortaleza (sentirse escuchado, comprobar como continuáis con ellos día tras día, como valoráis sus avances…). Revelar y aceptar es una actitud, y es bueno que la información y aprobación, se incorporen de manera natural en la vida de los niños desde los primeros momentos.
Nos encantará leer vuestros comentarios y opiniones sobre estos temas, porque nunca dejamos de aprender de vuestra experiencia. Os adelanto que haré otra entrada en el blog como continuación de ésta, para que reflexionemos  sobre cómo y cuándo hablar con los niños, porque compruebo en el día a día como genera dudas e inseguridad.
Laura Fariña. Psicoterapeuta familiar Centro Alén