miércoles, 1 de enero de 2014

SOBRE LAS HISTORIAS DE LOS NIÑOS Y NIÑAS

Reflexiones del blog del Centro Alén, de atención psicológica a la infancia
Me quiero acercar a los padres y madres adoptivos desde la admiración y el respeto que me produce el pensar en todos los procesos  por los que pasáis para ofrecer lo mejor de vosotros a vuestros niños a quienes, en mayor o menor medida, habéis conocido con la función de sus vidas ya comenzada.
Si ya de por sí  puede ser duro el admitir las historias de vuestros hijos e hijas que a veces  vienen acompañadas de abandono o maltrato, me imagino lo difícil que puede resultar el hecho de hablarles de ellas. Con el fin de proteger y evitar dolor a los niños, podéis decidir “no saber” o dejar en el lado “de lo que se calla” algunos de los capítulos sus vidas, intentando sofocar emociones que, al no expresarse, pueden provocar confusión y  manifestarse como síntomas.
Más allá del hecho de  revelar o no información como algo puntual,  el acompañar a vuestros niños en el camino de recomponer y entender su historia, es un proceso lleno de matices y emociones por el que será inevitable caminar.
Os invito a reflexionar sobre algunas de las razones, que pueden  llevaros a los padres y madres a posicionaros de una u otra forma: Las creencias que todos tenemos sobre cuestiones como qué información es adecuado compartir o no con otras personas, o sobre cuál es la manera correcta de afrontar las dificultades (si es bueno o no el mirar atrás, si hay que resolver los problemas individualmente o lo contrario,…), creencias sobre si es adecuado hablar de emociones o si aceptamos determinadas costumbres de otras culturas o grupos sociales de los que provienen vuestros hijos e hijas, … nos dirigen de forma inconsciente hacia una u otra postura.
Tenemos también unas ideas previas sobre la manera de educar a los niños y niñas y sobre las necesidades de la infancia y su desarrollo, que en alguna medida determinarán la manera en se es padre o madre. Jose Luis Gonzalo, en su libro “¿Todo niño viene con un pan bajo el brazo?”, nos habla del “auto-referencial”, como “el conjunto de creencias, vivencias, experiencias… que tendemos a repetir convencidos de que producirán el mismo efecto que se produjo con anterioridad” y que en el caso de los padres y madres adoptivos, sería el aplicar sus propias experiencias de vida en la comprensión de qué le sucede y qué necesita su hijo o hija.
Ser padre o madre adoptivo, presenta el reto de cuestionarse este auto-referencial, para adaptarlo a unos niños y niñas que han pasado por realidades complicadas, con lo que tendrán también una sensibilidad especial y necesidades concretas, como con lo relacionado con la comprensión de su historia y realidad familiar .
Hay más elementos que pueden influir porque comenzar a revelar, a veces supone enfrentarse a duelos personales, que pueden suponer emociones como rabia, miedo o dolor: la existencia de pérdidas anteriores sin asumir, el miedo a ser rechazados, la aceptación del desconocimiento sobre la biología de los niños, el proceso pasado para la adopción, los habituales sentimientos de culpa. Enfrentarse y elaborar estas vivencias y emociones puede tener un efecto reparador.
Así, vemos como en la decisión de qué tratar con los niños, puede haber múltiples razones más y menos evidentes. Creo que es bueno pararse a considerar las de cada uno, a ponerles nombre e incorporarlas en la posición a tomar, para hacerlo desde la conciencia.  Puede ayudar el preguntarse sobre qué es lo que  preocupa de “lo que se calla”: qué sentimientos genera, qué temores, con qué tabúes se relaciona,… o  sobre qué heridas sin curar está haciendo daño porque, seguro que casi todo padre y madre adoptivo han tenido la tentación de no querer saber, o de no querer contar.
Estas reflexiones nos incumben también a los psicoterapeutas que participamos en estos procesos. Primero porque como personas, tenemos  creencias poco conscientes que debemos de identificar y contrarrestar con conocimiento, pero también porque tenemos que ser sensibles a las razones que subyacen en los padres y madres y a sus construcciones de la realidad, para facilitarles el camino y llenarlos de motivos para amar a sus hijos con todo su pasado y todas sus singularidades.
Estos motivos para hablar con los niños y niñas y las recompensas por hacerlo, son más poderosos que las dificultades que haya que superar. Se trata de integrar el pasado para acompañar mejor en el presente y en el futuro, y se trata de construir la identidad de  los niños y de la familia desde una base de verdad, facilitando que las relaciones sean  de confianza y tengan coherencia.
Cuando en la familia hay secretos, los niños pueden notar que hay algo extraño y generar sentimientos de desconfianza o comportamientos para poner a prueba las reacciones de la  familia. Es posible que debido a sus experiencias tempranas  tengan una sensibilidad especial a cualquier gesto que implique aceptación o rechazo. Es precisamente el establecimiento de una relación confiable y afectiva, el mejor medio para ayudarles a resiliar sus carencias  o experiencias, dándoles sentido y significado. Si un niño o una niña, percibe que el tema de su origen e historia no es bien aceptado o que provoca rechazo (y recordemos su sensibilidad a las reacciones en sus papás), puede ir dejándolo de lado y sufrir las consecuencias de que sea su propia imaginación quien se encargue de responder a sus dudas y de ordenar sus confusos recuerdos.
Cyrulnik , nos habla de cómo es más terrible lo imaginario que lo real, porque lo real tiene un punto de esperanza que puede dar al niño la ocasión de representarse lo que ha sucedido y darle un sentido. Nos explica en  “El murmullo de los fantasmas”, como precisamente es el dotar de significado y dirección a las experiencias, una de las claves en los procesos de resiliencia. Es importante que no quede en el terreno de la imaginación de los niños cuestiones  como su abandono, porque es allí donde más daño le puede hacer. Todos los niños se hacen preguntas como: “¿Qué quieren mis papás de mí?”, pero si la pregunta que se hace un niño es: “¿Qué es lo que no quisieron de mí?,  o: “¿A mí, por qué me abandonaron?”, serán esas figuras confiables quienes puedan ayudarle a aceptar los hechos de su historia y ponerle nombre a las emociones que le genere, dando coherencia y continuidad al resto de acontecimientos de su vida, para poder aceptar su realidad.
Puede haber  más pensamientos que asalten la imaginación de un niño o niña con vivencias de negligencia o abandono (relacionados con atribuirse culpas, miedo a que se repitan hechos traumáticos, pensamientos sobre la inconsistencia de las relaciones familiares,…) y que  si no se desmontan, les pueden  causar sufrimiento a ellos y a sus familiares quienes pueden  interpretar erróneamente lo que le esté pasando al niño porque sus señales sean poco claras. Es de nuevo a través de esta relación de seguridad y permanencia, como pueden lograr reinterpretar sus vivencias, transformándolas en elementos de fortaleza. Hay más razones para ayudar a los niños y niñas a resignificar  sus experiencias pasadas: su importancia para la constitución de su identidad, sus consecuencias en el sentimiento de pertenencia y  permanencia en su familia adoptiva, la posibilidad para incorporar en la memoria de la familia a aquellas personas o momentos del pasado que fueron significativas para los niños,…  y ofrece la posibilidad a los padres y madres de comunicarse en mayor sintonía con los niños, interpretando sus limitaciones cuando las haya, pero siendo al mismo tiempo el sostén para superarlas.
Sé que para los padres adoptivos de los niños y niñas que lo han tenido más difícil, puede ser complejo y que en algunas ocasiones, necesitarán de ayuda profesional, pero también que todas las experiencias favorables que les hacéis experimentar  a vuestros hijos e hijas, les estarán ayudando a transformar los hechos dolorosos en recuerdo, y la fragilidad en fortaleza (sentirse escuchado, comprobar como continuáis con ellos día tras día, como valoráis sus avances…). Revelar y aceptar es una actitud, y es bueno que la información y aprobación, se incorporen de manera natural en la vida de los niños desde los primeros momentos.
Nos encantará leer vuestros comentarios y opiniones sobre estos temas, porque nunca dejamos de aprender de vuestra experiencia. Os adelanto que haré otra entrada en el blog como continuación de ésta, para que reflexionemos  sobre cómo y cuándo hablar con los niños, porque compruebo en el día a día como genera dudas e inseguridad.
Laura Fariña. Psicoterapeuta familiar Centro Alén

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