jueves, 10 de mayo de 2012

Mabel y su marido trabajan en el Poder Judicial, adoptaron 4 hermanos de 10, 11, 13 y 15 años.

Fuente:http://www.losandes.com.ar

Después de 11 años de casada, y de haber perdido un embarazo, se anotaron en el Registro Único de Adopción. “No pedimos bebés por la actividad que teníamos y aparte por nuestra edad. Creíamos que era mejor encaminarnos hacia chicos más grandecitos. Visitamos hogares para la época del Día del Niño y para Navidad, porque colaboramos en iglesias, y ahí conocimos a los niños que hoy son nuestros hijos. Estaban en el Hogar número 11 de Godoy Cruz, luego de haber vivido 5 años con una familia cuidadora en San Martín. Comenzamos sacándolos los fines de semana, luego los feriados, durante varios meses.

Hasta que se generaron conflictos en el Hogar, porque lo que surge entre los mismos niños es quién tiene antes una familia. Mis chicos contaban que habíamos ido a la montaña, habían jugado a la pelota, tenían una libertad mayor que en el Hogar. Hasta llegó el momento en que no los dejaban salir porque estaban castigados, por peleas con otros chicos, que se generaban por el relato de lo que hacían con nosotros. Un día fui a buscar al más pequeño a una clase de apoyo, y lo encuentro que estaba orinado con mal olor. Eso fue determinante para pedirlos al juez de menores. No hice ningún tipo de denuncia contra el Hogar, tratamos de ser lo más discretos posibles. De ahí en más quedaron en casa e hicimos todos los trámites necesarios. Teníamos una casa grande, pero no ropa, hubo que salir a las corridas a comprar camas y sábanas.

El apellido. Ellos mismos adoptaron nuestro apellido antes de llegar a casa, también querían cambiarse el nombre, pero en el juzgado no se los permitieron.

La psicóloga del Registro de Adopción le preguntó a uno de mis hijos: ¿Cómo van a explicar en la escuela que comenzaron con un apellido y ahora tienen otro? Y el niño que tenía 10 años en ese momento respondió: “A mí me bautizaron de nuevo”.

Al principio nos llamaban tío y tía, hasta que un día el mayor nos pidió autorización para llamarnos mamá y papá. Les respondimos que lo hicieran, si ése era su deseo.

Comenzar una nueva vida. La Dirección de Escuelas me los ubicó en la misma escuela y en el mismo turno, son excelentes alumnos. Al que más le cuesta es al menor porque tuvo problemas de desnutrición. Va avanzando de a poco, ha aumentado 10 kilos desde que llego acá, cuando los conocí eran piel y huesos. La nena fue la que más subió de peso, aunque no son gordos. El estado físico, en general, era lastimoso. El mismo pediatra les dice: “¡cómo les ha cambiado la piel, el pelo, la tristeza que traían, cómo les cambió la vida!”.

El mayor todavía no asumió su edad. Es como que se volvió de niño de golpe, porque antes protegía a sus hermanos, le tenían mucho respeto. El cambio llegó el día en que le dijimos que nosotros éramos los padres, y que él se despreocupara.

Quiero aconsejarle a la gente que se anime, que los adolescentes son hermosos; más allá de lo difícil que es esta etapa del desarrollo. Tienen mucha necesidad de familia, son muy inocentes. Para ellos todos son buenos, viven pidiendo cariño. Si son más rebeldes es por las carencias que han tenido, pero tienen tanta necesidad de afecto, que son diferentes. Ellos no sabían lo que era tener un padre. ¡Se puede: nosotros los hemos logrado!

Qué le pasó a Mabel, mujer. “Estoy rodeada de cariño, convertirme en mamá de repente fue volcar todo lo que tenía adentro. Para mí fue un cambio muy grande, tengo un marido que me ayuda muchísimo. El primer tiempo fue difícil, de ser 2 a ser 6, aprender a organizarnos en la vida nueva que íbamos a llevar. Me sentí plena, porque los chicos son tan cariñosos, y nos compraron de entrada, nos cambiaron la vida, era como que ellos nos venían a cuidar a nosotros. Aprendemos de ellos y ellos de nosotros”.

Emiliano, 15 años, el hijo adoptivo mayor. “Me encanta estar acá, es una enorme alegría lo que han hecho por nosotros. Tenemos de todo, nos han regalado cariño, amor, bicicletas, hacemos deportes, nos vamos de vacaciones. Siempre, cuando hay cumpleaños, le llevamos el desayuno a la cama a los papis, para Pascuas les compramos un huevito. Estamos todos felices”.

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