martes, 26 de julio de 2011

Los niños esclavos de Sauce Guacho


Fuente:La Voz Ciudadanos

Acaban de ser rescatados ocho niños bolivianos que eran explotados en Jujuy. El Consulado argentino en Villazón, Bolivia, colabora con las investigaciones.


Nadie quiere explayarse. Con la reserva de detalles se intenta proteger a ocho niños bolivianos secuestrados de pequeñas aldeas para esclavizarlos en una finca de Sauce Guacho, una localidad situada a 35 kilómetros al este de La Quiaca, en la provincia de Jujuy.
La artífice del rescate de esos chicos, días atrás, fue Reina Sotillo, la cónsul argentina en Villazón (departamento Potosí), Bolivia. Desde 2007 inició una verdadera cruzada para combatir la trata de personas. El 5 de octubre de ese año, su intervención permitió capturar al primer “traficante” y también rescatar a la hija de un cacique, ¨Miss Ñusta”, la más linda de la tribu. Desde entonces, se han recuperado más de 600 menores bolivianos y/o argentinos, secuestrados para explotarlos laboral o sexualmente.
Hace dos meses, la cónsul recibió el angustioso pedido de ayuda de padres de paupérrimas y lejanas comunidades de Potosí y Chuquisaca. Sus hijos habían desaparecido y temían lo peor, porque existen sobrados antecedentes de organizaciones dedicadas al tráfico de niños entre ambos países.
En mayo, la Policía había liberado a 12 chicos (niños y niñas de 12 a 17 años esclavizados en otro establecimiento rural de Sauce Guacho). Algunos hacía más de siete años que habían desaparecido de sus hogares y sus familias los daban por muertos.
Con su experiencia, Reina Sotillo ha logrado ser el nexo entre instituciones bolivianas y argentinas (policías, gendarmería, cultos religiosos, organismos estatales de la niñez e infancia, la Pastoral Migratoria de San Pedro) y movilizar la búsqueda de menores secuestrados. La diplomática está convencida de que no se puede investigar en secreto. Lo primero que hay que hacer es “poner el grito en el cielo” para que los desaparecidos aparezcan. En numerosas oportunidades, los tratantes, al sentirse “cercados”, optaron por liberar a sus víctimas.
Voz de alerta. En el último “operativo rescate” intervino el juzgado federal a cargo de Wenceslao Cardozo, donde se inició una causa por trata de personas. La búsqueda de los ocho chicos se orientó hacia la zona de Sauce Guacho, teniendo en cuenta la liberación de las 12 víctimas que fueron esclavizadas durante años.
La cónsul argentina en todo momento sospechó que los secuestrados de esas aldeas lejanas eran explotados en algún campo de Jujuy o quizá de Salta. Ya en 2008, Reina Sotillo se sorprendió cuando se recuperaron niños que tenían las manos destrozadas y huellas en sus cuerpos producto de los trabajos forzados que hacían.
Con el correr de las semanas se logró ubicar a los bolivianitos buscados. El cuadro era estremecedor. Ante una consulta sobre el estado de los chicos, Reina Sotillo dijo que eran “explotados laboralmente, abusados, esclavizados y ferozmente maltratados por sus captores”.
Tras la liberación, el Consulado se unió a los esfuerzos del Centro de Atención Integral de Niñez, Adolescencia y Familia (Cainaf) y de la Pastoral Migratoria de San Pedro, donde alojaron a los pequeños.
Los profesionales brindaron asistencia de contención social y psicológica, aplicando protocolos establecidos por las leyes vigentes.
Previamente, los chicos fueron asistidos en el Hospital Paterson. La cónsul resaltó el papel que jugó el embajador argentino en Bolivia, Horacio Macedo, porque “en todo momento estuvo presente para orientar y dirigir una recuperación muy difícil y el regreso de los niños a sus hogares”.
“En lo personal –dijo Sotillo– agradezco a las personas e instituciones que ayudaron a resolver y a encaminar un drama que teniendo ribetes de profunda injusticia, de horror, se convierte en un escenario de cooperación y aporte para el bien, para el desarrollo del niño, la niña y el adolescente entre los dos países”.
Un flagelo mundial
Demasiados. La trata de menores de edad es un problema mundial que afecta a gran cantidad de niños y niñas. Según algunas estimaciones, cada año son víctimas de estos casos 1,2 millón de chicos.
Mano de obra. Son empleados como mano de obra barata o en la explotación sexual. Con frecuencia, ni los niños y niñas ni sus familias son conscientes de la amenaza que representa la trata de menores de edad, creyendo que lo que les aguardan en otros países son un trabajo y una vida mejores.
Redes. La trata de menores de edad es una actividad lucrativa y está vinculada a redes de delincuencia y corrupción. Dado que se desarrolla casi siempre en la clandestinidad, su detección resulta difícil. Comporta una vulneración del derecho del niño a crecer en el seno de un entorno familiar.
Discriminación. En ocasiones, estos niños y niñas que son víctimas de la trata de personas padecen incluso arresto y detención por emigración ilegal.

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