domingo, 27 de febrero de 2011

Los niños encerrados y la adopción (Bs.As.)


Editorial II

La Nación


El año último publicamos un editorial titulado "¿Qué pasa con la adopción en la Argentina?", en el que nos preguntábamos, entre otros aspectos incongruentes que presenta el tema de la adopción de menores, acerca de lo que ocurría con los niños internados por múltiples motivos en institutos, algunos de los cuales viven en condiciones más que penosas.
De acuerdo con estadísticas de Unicef, de la Secretaría de Derechos Humanos y del Consejo de los Derechos de los Niños del gobierno porteño, existen aproximadamente 20.000 menores institucionalizados, de los cuales alrededor de 17.000 lo están por razones asistenciales y unos 3000 por causas penales, estimándose que el 25 por ciento, esto es 5000 niños, podrían ser adoptados. Al mismo tiempo, existen 1889 parejas y personas solas anotadas en el registro de aspirantes a guarda con fines de adopción.
Desde esta columna, desde hace tiempo, venimos sosteniendo que es inconcebible que no se hagan mayores esfuerzos para dar en adopción a estos niños, para que reciban todo lo que en los institutos les falta. Principalmente amor y contacto familiar o calor de hogar, como dirían nuestros mayores con razón.
La solución de devolverlos a sus familias es por cierto ideal, pero a menudo irreal, cuando no imposible o muy peligrosa para los mismos niños, como lo demuestran algunos casos de violencia o abuso sexual contra ellos. Y ello no implica desvirtuar la trascendencia de los vínculos de sangre; por el contrario, de lo que se trata es de no reemplazar el sentido común de los jueces en favor de la seguridad de los menores por otras teorías más que discutibles.
En su momento propusimos la creación de un registro nacional de niños en condiciones de ser adoptados. Sugerimos entonces la importancia de generar un registro de niños en situación de abandono, con terminales en los hospitales de todo el país, en las instituciones guardadoras, en la Policía y en los registros civiles, los municipios, y hasta uno de familias dispuestas a dar sus niños en adopción.
Una campaña de amplia difusión de la noble institución de la adopción permitiría a la población saber que estos niños existen y que, si bien no todos son recién nacidos, necesitan papás y mamás.
Es imprescindible que la comunidad combata el negocio de algunas perversas instituciones, cuyos responsables tan sólo aspiran a vivir del aporte estatal que reciben por cada niño institucionalizado o encerrado, como podríamos decir con más acierto.
Si cuando los juzgados civiles piden postulantes para adoptar niños con enfermedades o discapacidades, hay muchísimos candidatos que se presentan, ¿por qué no ha de haberlos para estos niños encerrados? La comunidad tiene la palabra y las autoridades políticas, la posibilidad de concretar este encuentro de amor. 

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