jueves, 10 de febrero de 2011

Identidad biológica y adopción: queremos saber quiénes somos


Fuente: Mdzol.com
Apropiarse de la identidad de una persona es uno de los peores robos que se puedan cometer. Uno de los crímenes más aberrantes –y tan común durante la dictadura militar– se sigue presentando en democracia. Se estima que en Argentina hay 3 millones de personas que no conocen su origen. Crecieron con padres adoptivos y la mayoría de ellos aún no lo sabe.
Se trata de defender los derechos de niños, niñas, adolescentes a saber quiénes son. Se trata de promover la identidad biológica como salvaguarda para el desarrollo de la persona. Una persona que, a ciencia cierta, sabe de su propio origen desarrolla mejor sus afectos, sus conocimientos y, en definitiva, su cultura, o sea, su manera de vincularse con el mundo. Estos principios, de hecho, desde 1989, se hayan consignados de manera explícita en la Convención sobre los Derechos del Niño, de la Asamblea de Naciones Unidas.

Por ello, toda adopción ha de incluir también el conocimiento de esos niños de su historia. Por ello, hay que promover la adopción y jamás la apropiación, el robo de niños ni en dictaduras ni en democracias. Por ello también, hay que luchar contra el procedimiento de grupos de derecha que promueven “sacar” a niños pobres de sus familias para ser entregados en adopción a familias “pudientes”.

Por todo esto, en definitiva, el gran objetivo, en cualquier caso, es cuidar los derechos de los niños, para que crezcan con dignidad.

La Convención se enfoca en cuatro direcciones: el interés superior del niño, la no discriminación, el derecho a la vida, la supervivencia y el desarrollo y, por último, el derecho a ser escuchado en las decisiones que lo involucren.



Se estima que en Argentina hay 3 millones de personas que no conocen sus raíces. Crecieron con padres adoptivos y la mayoría de ellos aún no lo sabe. La situación es terrible. Hace un par de años, una fundación denunció a sacerdotes que en Santiago del Estero recibían bebés de madres carenciadas y a cambio les construían una casa. Hay, incluso, un obispo involucrado en la causa.

Además, la trata de personas ocupa el tercer lugar como actividad lucrativa ilegal en el mundo, según informes, después del tráfico de drogas y el de armas, moviendo 32.000 millones de dólares al año.

Por todo esto, las organizaciones civiles exigen al Estado que cumpla con la Constitución Nacional y con los Pactos Nacionales e Internacionales arbitrando los medios necesarios para garantizar las búsquedas. Consideran que ésa es su responsabilidad y su deber. Entre los pedidos habituales que realizan destacamos:

*Acceso a la información (Archivos Registro Civil, Libros de Parto).
*Creación de una Comisión Estatal, neutra a nivel nacional, que recepcione las búsquedas de todos los tiempos históricos.
*ADN gratuito y que se incluya a los apropiados en el Banco de Datos genéticos.
*Crear una Red con todas las organizaciones de DD.HH. y la difusión y prevención para que la ciudadanía tome conciencia de realizar las adopciones legalmente y la importancia de conocer la verdadera identidad biológica.


Sacar hijos a los pobres 



Antonio Romeo y Elina Giffoni son padres adoptivos de dos chicas. Cuando las adoptaron tenían de 5 y 13 años y ahora la más pequeña pasó a quinto grado y la grande está haciendo el preuniversitario de Ciencias Políticas.

Romeo, en su carrera, destaca el hecho de militar por los derechos de los niños, ser ex concejal de Guaymallén por el radicalismo, consejero de Niñez y Adolescencia y ex Coordinador de Niñez y ex director de Desarrollo Humano de la Municipalidad de Guaymallén. Junto a su mujer, a través de Internet, trabajaron hasta formar una red nacional sin fines de lucro, enfocada en la temática. Escuchémoslo.

“Vimos en un comienzo que no se militaban los derechos del niño en cuanto a adopción. En Mendoza, hay apropiaciones de identidad, inclusive fuera del Proceso Militar, cuando abundaron”, inicia.


Entre las tareas a las que se ha abocado esta familia (foto), estás las de unificar los criterios departamentales para que se cumpla la Ley de Licencias por Adopción; ahora, los días que se otorgan son de similar cantidad a los de un caso de nacimiento biológico. También se dedican a capacitar a personas que quieren adoptar chicos y buscan que cada comuna tenga profesionales disponibles para estos menesteres.

Un punto a desarrollar en Mendoza es la creación de un registro provincial, pues no se sabe cuántos niños disponibles para ser adoptados hay. Hace unos meses, el ministro de Desarrollo Social Carlos Ciurca habló de 104 niños. A la vez, se estima que hay entre 500 y 600 parejas buscando adoptar; sin embargo, pocas de ellas están dispuestas a hacerse cargo de un niño de, por caso, seis años en adelante.

“Tratamos de inculcar en la gente que no haya vergüenza ni miedo de adoptar niños más grandes. Es verdad que hay mucha resistencia adoptar chicos más grandes o con discapacidades, pero falta conocimiento. Otro punto importante a aclarar es que la adopción no tiene que ver con la pobreza, es más: a veces es al revés. La idea general que nos mueve en este sentido es que no hay que separar a los chicos de sus familias biológicas y, si se hace, no romper el vínculo con esa familia”, sigue.

No está nada de más que Romeo lo digo, pues hay gente –jueces, por ejemplo, y grupos conservadores– que ven con muy buenos ojos que chicos carenciados sean separados de sus familias para ser destinados a otras más “pudientes”.

“Sacándoles hijos a los pobres no se soluciona la pobreza. El chico tiene que saber sus orígenes, porque ellos empiezan a ver rasgos distintos y hacen preguntas, no son tontos… Si uno adopta, tiene que contarles, con la ayuda de sicólogos, por supuesto”, agrega.

En fin, se trata, entonces, de no andar robando niños por ahí y de aplicar  justicia si hubo apropiación y también de no dejar de hablar del tema. Lo peor, en este caso, son los pactos de silencio. Y si no, mirá:

http://www.mdzol.com/mdz/nota/272215-identidad-biologica-y-adopcion-queremos-saber-quienes-somos/

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