jueves, 2 de septiembre de 2010

"En adopción, no hay un derecho a ser padres sino un derecho de todo chico a vivir en familia

Fuente: La mañana de Neuquén
La especialista en Derecho de Familia Marisa Herrera señaló que en un Estado que pretende ser pluralista, los jueces son quienes tienen que contar "con una mente pluralista".
Por PABLO MONTANARO

Neuquén > “Mi especialidad es el Derecho de Familia”. Así se presentó la abogada Marisa Herrera, doctora en Derecho por la Universidad de Buenos Aires, ante este periodista el viernes pasado minutos antes de ingresar al auditorio del Museo Nacional de Bellas Artes para brindar la conferencia “El derecho a la identidad en la adopción”, en el marco de la Primera Jornada Provincial Interdisciplinaria de Adopción, organizada por la Asociación Neuquina Padres Adoptantes y el Ministerio de Desarrollo social de la provincia.
Antes que el periodista le preguntara desde qué lugar aborda su especialidad, Herrera describió que “desde una perspectiva centrada en los derechos humanos”. Esta posición le permite una amplitud que está dada “por el innegable componente interdisciplinario que involucra esta temática, por lo cual, uno debe interactuar de manera constante con profesionales de otros campos del saber como la sociología, la psicología, la filosofía, la antropología”.
Antes de la entrevista, el periodista tenía apuntado un comentario de esta especialista acerca de que sus "geniales” padres le enseñaron a vivir con la gran disyuntiva y/o dicotomía de ser "marxistas", que entonces no alcanzaba a saber qué significaba. “Creo que este fue el germen de por qué me interesa, preocupa y ocupo del derecho de familia y los derechos de infancia y adolescencia mirados desde, con y por los derechos humanos”, explicó.

¿La adopción refleja un cuadro complejo, podríamos hablar de que está en crisis?
No sé si está en crisis o siempre estuvo igual. El tema de la adopción es muy complejo porque primero hay que analizar qué chicos son dados en adopción, de qué familias provienen y, por último, dónde estuvo el Estado. Porque si no siempre focalizamos el tema de la adopción en los padres que quieren adoptar y que no pueden. Considero que hay que ir un paso más atrás, porque en algún punto no hay un derecho a ser padres porque sino habría un estado obligado a proveer un hijo. Sí hay un derecho de todo chico a vivir en familia, que es un eje totalmente diferente.

¿La adopción está relacionada con la pobreza?
Existe un vínculo. Muchos casos de violencia tienen su antecedente de pobreza. Una cosa lleva a la otra. Una madre que tiene once hijos, no tiene donde vivir, maltrata a sus hijos porque es difícil criar bien a esos hijos y darles todo cuando no tiene para darles de comer. En ese caso, claramente hay un Estado que no está presente. Me parece que también debemos tener en cuenta que, por ejemplo, los países del primer mundo no son proveedores de chicos sino que adoptan chicos de países pobres. Ocurrió en Haití luego del terremoto. Entonces, observamos que la disyuntiva en la adopción internacional se da claramente a nivel interno, familias que no pueden adoptar y familias que pretenden adoptar y que siempre vienen de una clase media o que están en condiciones de poder criar a un chico.

¿Por qué el imaginario social considera que es tan difícil adoptar?
El imaginario social quiere un chico recién nacido y si nace mañana mejor porque es la idea del hijo que no tuvo en forma biológica. Cuando uno empieza a desarticular esto, no es el hijo biológico que no tuvo sino es un chico que tiene una historia atrás y en todo caso la pareja que lo adopta viene a darle esa familia que no tuvo o no pudo tener. Es un tema cultural, cuando uno se da cuenta de que no hay un derecho a ser padre sino un derecho de todo chico a vivir en familia, las cosas se empiezan a ver distintas. Y también a darse cuenta que la realización personal de una persona no pasa por tener hijos. Hay que tirar abajo el tema de que las mujeres nacimnos sólo para tener hijos, lo que implica un cambio de mentalidad.

Un tema complejo es el de los chicos institucionalizados u olvidados en hogares, quienes no vislumbran la posibilidad de alguna reinserción en un contexto de vida familiar.
Ese es un gran problema. Hay chicos que pasan años en condición de institucionalizados o en hogares. Y un chico forja su identidad todos los días. Estos chicos terminan pagando los costos de una madre que no pudo mantenerlo, de un Estado que estuvo ausente, de una lista en un Registro de Adopción, es como un gran círculo mientras el tiempo pasa. No es lo mismo trabajar un vínculo padre-hijo con un chico de 2 años que con uno de 7 u 11 años. Por otra parte está el tema de los tiempos. Yo quiero saber qué pasaría si un chico institucionalizado que tiene 12 o 14 años y que no puede ser dado en adopción hace una acción contra el Estado por reparación de daños y perjuicios que implicó para él no haber podido insertarse en una familia. Yo quisiera saber si el Estado no tendría que ser responsable de eso.

El derecho a la identidad está en juego, cuestión muy ligada a la historia argentina reciente. A esto se le suma la sanción del matrimonio igualitario. ¿Qué implicancias tiene esta sanción en la adopción?
Lo implica en forma total. Yo acompaño, aplaudo y me da un gran orgullo ser parte del primer país en América Latina que sancionó el matrimonio igualitario. No hay duda alguna que es una cuestión constitucional de principio igualitario. La orientación sexual fue siempre un elemento discriminador. Es el Estado el que tiene que decir qué hay de diferente para darle a algunos y no a otros. No tiene que contestarme porque cuando me contesta lo hace con palabras de la Iglesia y yo vivo en un estado laico. La Iglesia siempre se opone en temas de familia como el divorcio, la fertilización asistida y ahora el reconocimiento de los derechos a personas homosexuales. Ahora en materia de adopción abrís el tema de la posibilidad de la gente que pueda adoptar. Está muy bien que el derecho reconozca y de hecho ahora se van a inscribir. Creo que va a haber pocos jueces en el que no se va a colar realmente su homofobia en a quien darle o no un chico.

Hubo jueces que ya se han expresado en este sentido.
En algún punto la ley está pero el tema es cómo lo ve el que la aplica. Lo cual me parece que obligaría a repensar quienes son los jueces de familia hoy. Creo que alguien que ha tenido una formación claramente conservadora no podría ser juez de Familia en una sociedad mucho más compleja. El Consejo de la Magistratura tendría que revisar esta cuestión de cómo se evalúa a una persona para ser juez. Es algo a debatir. En un estado pluralista creo que los jueces tienen que tener un mínimo de mente pluralista.

Entre el derecho y la realidad hay demasiadas diferencias.
La adopción unipersonal a personas homosexuales no es otorgada por el prejuicio que existe sobre la orientación sexual. No existen estadísticas que determinen que los niños criados por personas con una orientación sexual distinta tengan algún problema.

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