domingo, 13 de septiembre de 2009

La meta de los jóvenes: tomar mucho en la previa para ir a bailar "con onda

DIARIO LOS ANDES-MENDOZA.
La meta de los jóvenes: tomar mucho en la previa para ir a bailar "con onda"

Un recorrido por las inmediaciones de los boliches permite ver cómo los veinteañeros llegan ya ebrios. Estrategias para evitar controles e, incluso, entrar alcohol a los locales bailables. La voz de los protagonistas.
domingo, 13 de septiembre de 2009

Ir a bailar es -para la mayoría de los jóvenes- todo un rito, una ceremonia que no empieza precisamente en el momento en que éstos llegan a los boliches durante la madrugada del sábado o la del domingo, ni mucho menos termina cuando salen de los locales.

Sin embargo, es durante estos dos momentos de la madrugada cuando mayores incidentes se registran, ya sean accidentes viales o escaramuzas, tanto mientras aguardan en la entrada de los boliches como en los minutos posteriores a haber salido.

Y, junto a estos episodios -muy comunes cada fin de semana-, hay una variante que siempre está presente: el excesivo consumo de alcohol. Basta con una recorrida nocturna por la ruta de los boliches mendocinos, hablar con algunos propietarios y encargados de seguridad de estos locales, con los propios protagonistas y hasta con la Policía para que todos coincidan en que no hay suficiente control para detectar a todos los jóvenes -y no tan jóvenes- que circulan en estado de ebriedad en sus vehículos o que ingresan alcoholizados a los boliches.

Avivadas

Durante la noche del viernes, Los Andes recorrió algunos de los puntos más frecuentados por los jóvenes en su ronda nocturna. Entre los lugares de encuentro predilectos para la previa, se destaca la calle Arístides Villanueva, en la Quinta Sección.

En los bares y pubs de esa concurrida calle, cada fin de semana miles de grupos de amigos se concentran, consumen bebidas alcohólicas y tras compartir algunos momentos de entretenimiento en la previa, de ahí parten hacia los boliches.

Justamente, en la esquina de esa calle y Tiburcio Benegas se ubica un puesto fijo de control donde dos agentes de tránsito de la Municipalidad de Mendoza están encargados de inspeccionar a los conductores. Los uniformados, además de verificar que tengan todos los papeles en orden, también tienen la función de corroborar si circulan alcoholizados.

"No tenemos permanentemente con nosotros el aparato para medir la alcoholemia. Pero si paramos un auto y percibimos que hay olor a alcohol adentro, solicitamos a la Policía que nos acerque un detector inmediatamente. Tenemos uno a nuestra disposición siempre", destacó Laura Cabrera, una de las agentes.

Claro que el procedimiento no siempre se torna tan simple y, muchas veces, los jóvenes están al tanto de esos puestos y de su ubicación, por lo que los eluden y evitan pasar por esos puntos, más aún si han consumido más alcohol del permitido.

Esta situación se repite en la ruta Panamericana, a pocos metros de ingresar a la zona de los boliches en Chacras de Coria -una de las zonas con mayor movimiento.

Periódicamente, los sábados y domingos por la madrugada, efectivos policiales montan puestos de control con el mismo objetivo: identificar si la gente maneja en estado de ebriedad. Pero, hecha la ley, hecha la trampa: cuando los jóvenes advierten a los uniformados, desvían su camino y buscan rutas alternativas para llegar a los locales bailables.

"Algunos chicos ven los controles y, como ya vienen un poco tomados, dan media vuelta y prefieren volverse a algún barcito a seguir tomando. Pero muchos otros buscan rutas alternativas: bajan hasta Luján, pasan por todo el centro y suben por Vistalba. Así se escapan y vienen a bailar igual", destacó Daniel Argumedo, dueño del boliche Al Diablo.

Poco control de las previas

Tanto empresarios como los guardias de seguridad consultados destacaron que el principal problema de la noche es la falta de rigurosidad en el control de las previas.

Es que, según afirman, es ahí donde consumen 70% (y más) del alcohol, por lo que "llegan al boliche en el límite". Incluso, en muchos casos las mujeres introducen al boliche botellas ocultas en sus carteras, o los varones entre su ropa, y no siempre se detectan estas situaciones.

"A nadie le conviene tener chicos borrachos adentro. Ese es uno de los motivos por los que los tragos se venden caros acá, y también termina siendo lo que lleva a que los chicos tomen casi todo en la previa y acá terminen de emborracharse con uno o dos tragos", continuó Argumedo, destacando que lo ideal es negarle la entrada directamente a aquel que ya venga alcoholizado o, en caso de que adentro se descontrole, suspender la venta de bebidas a esa persona.

Claro que son los propios jóvenes los primeros en reconocer que toman en exceso antes de entrar. "Lo que pasa es que tomar en los boliches es muy caro, y venir sobrios no tiene mucha onda. Entonces, nos juntamos en la casa de un amigo, tomamos varios vasos de fernet, cerveza y vodka y después nos venimos acá, no compramos más de 2 tragos", explicó Pablo Guerrero (23), quien pasó la noche del viernes junto a sus amigos en un boliche de Chacras.

Otra clásica postal de las inmediaciones de los boliches son los grupitos de chicos que, por una u otra razón, llegaron después del horario del cierre de taquilla (2.30) e intentan entrar como sea a los locales. Es muy común verlos agolpados alrededor de los patovicas, rogándoles que los dejen entrar.

"A veces son las 3 y hay colas interminables de chicos y chicas y, todos a la vez, empiezan a pedir que los dejemos entrar. Algunos lo suplican y otros, un poco más borrachos, se ponen violentos, y empiezan a insultar", destacó Sebastián Lima, patovica del boliche Geo.

Pero no siempre los jóvenes llegan tarde, sino que en ocasiones se reúnen en un bar o una esquina que quede cerca y ahí se quedan tomando.

"Siempre encontramos botellas escondidas detrás de las columnas o en la playa de estacionamiento, por lo que nos damos cuenta de que el consumo en la calle también es notable", sentenció el dueño de Al Diablo.

Ignacio De La Rosa - idelarosa@losandes.com.ar

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