lunes, 6 de abril de 2009

La Argentina “tiene con la infancia una deuda enorme”

La Argentina “tiene con la infancia una deuda enorme”

La ex directora bonaerense del Nivel Inicial, Patricia Redondo, señaló que la Argentina “tiene con la infancia una deuda enorme”, y subraya que a lo largo de los años, cada cambio de gestión de gobierno “en vez de sumar y continuar experiencias, las interrumpe y se empieza de cero”.
– ¿Cómo analiza la situación actual de la infancia en Argentina?
–La situación de la infancia –o “las infancias”, como se dice en los últimos años– en Argentina tiene una deuda interna enorme. Desde la década del ’90, los primeros datos duros daban –y el Instituto Gino Germani lo publicó particularmente– que en nuestro país la mayoría de los niños eran pobres y la mayoría de los pobres eran niños. Este dato, que marca a toda la sociedad, todavía no se ha revertido. Uno puede decir que hay lugares donde sí se ha mejorado sustantivamente la situación. Pero a escala nacional, la infancia sigue siendo del orden de la deuda para la sociedad argentina.
–Usted mencionó que “la mayoría de los pobres son niños y la mayoría de los niños son pobres”. Cuando esos niños o jóvenes cometen algún delito se pide la ausencia de derechos humanos. ¿Qué relación encuentra entre pobreza y delincuencia en los niños?
–A mí me parece que hay un lugar en que nuestro país, nuestra sociedad se imagina sin porvenir. Porque una sociedad que se proyecta en términos de otros futuros posibles requiere de un movimiento que supone alojar a los nuevos, a los que están llegando o, como decía el filósofo Jaques Derrida, a los que aún no han llegado. En la Argentina –esto lo ha estudiado la investigadora Sandra Carli–, si uno mira la infancia como analizador de nuestra sociedad, ve una sociedad que no construye a largo plazo. Si uno se acerca a los barrios populares ve que hoy el nivel de desprotección es enorme, a pesar de los esfuerzos de las organizaciones sociales por generar espacios de cuidado, como jardines comunitarios, lo que se conoce como “merenderos”, que son los lugares donde, en plena crisis, las madres embarazadas y los niños se alimentaban. Hay un esfuerzo social de los grupos populares por resolver las carencias enormes que atraviesan. Sin embargo, cuando uno se acerca a un barrio, se encuentra con que las únicas referencias del Estado son las escuelas. Hay pocas salas de primeros auxilios, no hay pediatras todos los días. Esto también sucede en el interior, tuve oportunidad de corroborarlo. No hay registros civiles, muchos chicos están durante años sin documentos porque los registros civiles se cerraron en muchos lugares –aunque ahora el Ministerio de Desarrollo hizo una política de identidad–, no hay servicios hospitalarios suficientes, no hay plazas ni clubes para niños. Cuando uno se acerca, mira y escucha, no es tan difícil entender ciertos niveles de violencia que se expresan más adelante, porque la violencia más estructural la produce la propia sociedad. Los niños llegan a un país donde no siempre los albergan.
(Página 12, pág. 16, 6/4/09 - Natalia Aruguete y Walter Isaía)

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