jueves, 12 de febrero de 2009

VOLVER A PENSAR LA CIUDADANÍA


La democracia no es un beneficio asignado, ni las comunidades son espontáneamente democráticas. Se conforman democráticas a partir de un propósito.

La calidad democrática es una determinación política, en la que es esencial instruir, y necesita ser participada para lograr compromisos y legitimidad en el conjunto de la sociedad.

Concibiendo a la democracia, como el sistema de gobierno, en el cual la soberanía del poder radica y está sustentada en el pueblo, el concepto de ciudadanía, emerge lógicamente como el destino natural hacia donde se proyecta.

La ciudadanía es un estado, un reconocimiento social y jurídico por el cual una persona tiene derechos y deberes por su pertenencia a una comunidad.

El concepto de ciudadanía, restringido tantas veces a la exclusiva posesión de los derechos civiles, sociales y políticos, hoy se identifica múltiple y complejo, siendo insuficiente y formal, esta única significación.

Ser ciudadano hoy, implica una situación de inclusión que se sustente en prácticas que confieran al ciudadano el sentido de pertenencia, que se logra obteniendo la posibilidad de conseguir lo mismo que el grupo de referencia.

La noción de ciudadanía, ya no tiene su fundamento en la búsqueda de la igualdad, sino que encuentra su principal misión en reivindicar el derecho a la diferencia, el respeto a la singularidad. No renuncia a la idea de igualdad ante la ley, sino que la acrecienta al integrar el derecho a hacer valer el respeto por las diversidades.

Si bien existe una adhesión tácita en la sociedad a los principios básicos de igualdad y justicia, es indiscutible que para un segmento significativo de la población, la igualdad de oportunidades es una ilusión. Esos son los argentinos que se mantienen excluidos de la concepción de ciudadanía. Porque sin los estándares mínimos de igualdad y justicia, la ciudadanía no puede concebirse. Viven al margen de los beneficios que otorga el sistema republicano, el estado de derecho, y hasta la misma democracia.

Los postergados y segregados, no disponen de los recursos que les permitiría sentirse ciudadanos. No pueden gozar de los derechos que la ley otorga al que posee los medios culturales y materiales que ofrece la sociedad.

Para lograr un estado incluyente de ciudadanía, es preciso aproximarse a la mirada ética del otro, y esto es imposible de construir, sin generosidad, solidaridad y desprendimiento como herramientas para superar las diferencias.
Lic. Andrea Aiello