jueves, 19 de febrero de 2009

El síndrome de los niños sin espejos

El síndrome de los niños sin espejos

“Los chicos no se reconocían en sus propias fotos. Cuando empezamos a investigar las causas nos dimos cuenta de que nunca se habían visto en un espejo”, contó Carolina Bellingi, terapista ocupacional y coordinadora del Servicio de Integración Sensorial del Hospital Elena de la Serna, de La Plata. Allí asisten a chicos y chicas alojados en institutos de menores, que sufren un síndrome llamado de privación sensorial.
“Consiste en la falta de estímulos necesarios para el desarrollo psicomotriz del niño”, explicó Bellingi. Como la malnutrición, la atrofia del crecimiento o el maltrato, también los desórdenes de la integración sensorial impiden que el niño desarrolle habilidades para aprender, jugar, socializar y relacionarse con cuidadores y pares. “Muchos de los niños que vemos en el servicio llegan a los 4 o 5 años aún con pañales porque no han sido asistidos para el control voluntario de esfínteres”, relató la profesional.
La terapista subrayó que “es imposible manejarse en el mundo sin tener la imagen de uno mismo; si no hay una identificación del yo con una imagen corporal, no puede existir una buena relación del cuerpo con el ambiente que lo rodea”. Según la psicóloga Nora Ackimenco, que asiste a los veinte chicos del Hogar Convivencial Bernardino Rivadavia, “la mamá es el primer espejo simbólico que decodifica la imagen del bebé desde edad temprana, pero si este espejo no existe ni tampoco el otro, el real, entonces los niños no tienen esa devolución”.
(Crítica de la Argentina, pág. 22, 15/2/09)

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