sábado, 3 de enero de 2009

La desaparición de chicos, una dura realidad que exige más acciones

La desaparición de chicos, una dura realidad que exige más acciones

Acaban de cumplirse 60 días de la desaparición de Sofía Yasmín Herrera, ocurrida en Tierra del Fuego cuando se encontraba en un camping junto con sus padres, quienes por un momento la perdieron de vista. El caso en sí es dramático, pero asume proporciones muchísimo más significativas y dolorosas porque se suma a una extensa nómina de niños y adolescentes cuya desaparición ha sido denunciada por sus familiares y aún no han retornado a sus hogares, ni tampoco hay noticias acerca de dónde se encuentran y si están vivos aún.
Este fenómeno, que no es exclusivo de nuestro país, aunque aquí ha asumido particular importancia, obedece a causas diversas. Influyen en él desde algunas motivaciones tan escalofriantes como lo es el apoderamiento que de los desaparecidos hacen aviesas redes de explotación sexual infantil hasta otras menos aberrantes que pasan por los maltratos de familiares o las desavenencias hogareñas, como pueden ser las meras travesuras, más de una vez llevadas a cabo por no afrontar una mala calificación escolar o por simple sed de aventuras.
No es cuestión de crear falsas alarmas sino de estimular la prevención y, llegado el caso, la represión de esas indignidades. Un niño o un adolescente que faltan de sus hogares o han sido arrebatados de la tutela familiar por la fuerza no sólo pueden llegar a afrontar serios riesgos físicos, sino que también padecen daños morales que a la postre habrán de herirlos en forma irremediable.
Estas ingratas circunstancias no han sido pasadas por alto por meritorias organizaciones no gubernamentales. Es el caso de Missing Children de la Argentina, que desde 2000 y a través de la Red Solidaria logró ubicar a 3280 criaturas y jóvenes desaparecidos, aunque sigue sin ubicar a 138.
Cuanto se hace al respecto, entonces, está reclamando intensificar todas las acciones al alcance de las autoridades (tal vez, un ente conjunto integrado por todas las fuerzas de seguridad y policiales nacionales y provinciales) para reducir al mínimo factible este presente que, a pesar de lo hecho, todavía no puede calificarse de alentador.
(La Nación, pág. 16, 2/1/09)

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