sábado, 13 de diciembre de 2008

Una chica de 14 años, atrapada en las redes del tráfico de drogas

Una chica de 14 años, atrapada en las redes del tráfico de drogas

Mercedes, de 14 años, debía estar jugando o estudiando en el colegio, entre los suyos, en la aldea aborigen de Phuyuhuasi, en Cochabamba, Bolivia, o con su abuela postiza, que es su única familia. Pero nada de eso le pasó.
Una mujer argentina la engañó: le hicieron un pasaporte y cédula auténticos en su país, pero con otra identidad, como si se llamara Sonia y tuviera 22 años. La trajeron a Buenos Aires y le llenaron el estómago con 95 cápsulas de cocaína; algo más de dos kilos y medio de droga que, si se liberaba en el estómago, iba a acabar con su vida. La iban a despachar sola en un avión, rumbo a Barcelona, cuando fue detenida con el pasaje en la mano.
La chica tuvo que pelear tres años, encerrada en una cárcel jujeña y en un instituto de seguridad para chicos para demostrar que era menor de edad. Logró que la absolvieran por inimputable, por ser menor de 16 años en el momento del delito.
Los jueces del Tribunal en lo Penal Económico N° 2 Claudio Gutiérrez de la Cárcova y Oscar Osiris Lemos, dejaron constancia en la sentencia de que es "indignante" que las redes del narcotráfico se valgan de personas vulnerables por su edad, como los chicos, por su marginalidad o por su falta de educación.
Máxime en este caso, en el que no sólo le encargaron la droga, sino que la engañaron, pues supuestamente los mismos narcotraficantes le advirtieron a la Gendarmería que la chica iba a salir con la cocaína para que fuera detenida en el aeropuerto de Ezeiza y así permitir que otras "mulas" siguieran su viaje sin ser molestadas. Esta es una práctica habitual.
Mercedes obtuvo la libertad merced al trabajo de sus defensores oficiales en Buenos Aires y Jujuy, Hugo Cicero, Ignacio Tudesco y Silvana Céspedes, y el próximo sábado volará a Cochabamba para reencontrarse con su familia. Hasta entonces, vivirá en una hogar de monjas bolivianas en Flores.
Su aspecto engañaba. Algo bajita, con el cabello recogido y viajando sola, nadie sospechaba que tuviera 14 años. Vivía en una aldea indígena cercana al poblado de Tolata. Cuando tenía dos años, su madre la abandonó y, a los tres años, estaba huérfana. Quedó al cuidado de su abuela postiza, Rosa Ledesma Fermín, que la crió en la aldea. Fotos del expediente judicial, en las que se la ve a los 13 años, la retratan vestida con sus ropas a la usanza indígena. Estudió hasta 4° grado, y después debió trabajar. Su hermano terminó preso en Bolivia y fue clave para esclarecer su verdadera edad e identidad.
Usan jubilados para llevar estupefacientes. El perfil de las personas que son utilizadas para llevar drogas al extranjero cambió. Ahora no sólo se utilizan a personas con problemas económicos o acuciados por alguna deuda y de bajos recursos. También son tentados ciudadanos de países del Primer Mundo, deseosos de ganar dinero rápido. Pero lo que llamó la atención de las autoridades judiciales es la aparición de un nuevo tipo de narcotraficantes: jubilados. Se trata de personas mayores reclutadas por los narcotraficantes para pasar cocaína adherida a su cuerpo a través de los controles aeroportuarios. Este año fue condenado al menos uno de ellos, que cumple prisión domiciliaria debido a su edad.
(La Nación, pág. 17, 12/12/08 – Hernán Cappiello)

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