miércoles, 31 de diciembre de 2008

Miles de argentinos tratan de conocer su verdadera identidad


PAGINAS WEB Y BLOGS DE INTERNET SON SU LUGAR DE ENCUENTRO
Son personas que, de adultas, descubrieron que sus padres no eran los biológicos. En la mayoría de los casos hubo una apropiación cuando eran bebés. Reclaman al Estado que agilice los mecanismos que les permitan conocer su origen. Por: Sibila Camps
DIARIO CLARIN
Es muy difícil verse a un espejo y no encontrar parecido con nadie". "Siempre queda ese agujero de duda, donde a veces caigo sin poder evitarlo". "Fue horrible y muy doloroso saber que no había vivido con mi familia biológica". Los testimonios en los sitios Web, con muchos puntos en común, rebasan angustia: miles de personas se enteran, ya de adultas, que no son quienes creían ser, y piden ayuda para conocer su verdadera identidad, aunque sin recibir respuestas del Estado.

No se trata de bebés que fueron entregados con la autorización de un juez, sino de niños que fueron inscriptos como hijos de sus padres de crianza. Pasado en limpio, significa que no fueron adoptados, sino apropiados. Un delito que, desde hace unos años, está tipificado como supresión de estado civil e identidad.

"La beba encontrada el martes en el Hospital Ramos Mejía confirma que no hace falta ir a Misiones para 'conseguir' un bebé. Tenemos compañeras de Raíz Natal, a quienes en los hospitales les han ofrecido chicos", revela su presidenta, Patricia Peña. Imposible saber cuántas personas conviven con esta incertidumbre. Con esa asociación se contactaron más de 3.000 personas. A Quiénes Somos acudieron más de 2.000.

En Abuelas de Plaza de Mayo admitieron que sólo el año pasado, tras el ciclo "Televisión por la identidad" y la novela "Montecristo", se acercaron más de 600 personas. "La sociedad no toma conciencia" de la magnitud del problema, señala Graciela Palma, de la agrupación Quiénes Somos, "porque ante las trabas para adoptar -que son reales-, la pareja acepta el ofrecimiento o 'consigue' un niño, sin pensar que están generándole un daño irreparable".

Los testimonios en los sitios Web y en los blogs tienen muchos puntos en común. "La sensación en todos, más allá del cariño que recibimos, es la de no encajar en esa familia; como si fuéramos la pieza incorrecta de ese rompecabezas describe Palma-. Empezamos a buscar parecidos, y nos damos cuenta de que no los hay. Y a hacer preguntas. Y finalmente salta en alguna discusión, o algún vecino o familiar termina diciéndolo. ¡Lo sabían todos, menos nosotros!".

Otras personas se enteran porque les toca enfrentar una enfermedad hereditaria. El no tener acceso a sus padres biológicos les impide, además, acceder a ciertos tratamientos médicos de índole genética. De necesitar un trasplante cuyo donante fuera un familiar, morirían. "Tenemos muchos casos de gente viviendo en el exterior, porque los padres de crianza se iban del país para que no los descubrieran -agrega-. Por eso, muchos vivimos mudándonos; en nuestra infancia no pudimos armar un grupo sólido de amigos".

Las dudas y las culpas los hacen vivir en la cuerda floja. ¿Qué día nací? ¿Y si mis padres piensan que soy un desagradecido? ¿Y si, por no saber mi origen, cometo un incesto? ¿Y si tengo hermanos? "También está el miedo a lastimar a los padres -confiesa Fernando Edén Carrizo (ver "Nadie...)-. Hay que saber separar el derecho a la identidad, del amor y el agradecimiento que uno les tiene a los padres de crianza. La mayoría los amamos y admiramos su esfuerzo, y no sentimos rencor".

Los voluntarios de las agrupaciones destacan que el derecho a la identidad comenzó a hacerse visible gracias a la lucha de las Abuelas. Pero plantean que sus casos necesitan otro tratamiento. "No queremos actuar contra nuestras familias de crianza -destaca Palma-. Sólo buscamos la información que tendríamos en un expediente de adopción, si hubiéramos sido adoptados. Después, cada uno verá si contacta o no a su familia biológica. No buscamos personas, sino nuestra historia".

En esta búsqueda, están prácticamente solos. Muy pocos hospitales les franquean sus archivos sin orden judicial. Otros dicen no tener los libros de tal o cual año. Otros realmente no los han conservado. Algunas clínicas no existen más. "No hay abogados que nos ayuden. Los especialistas en identidad no reconocen los casos que no son de lesa humanidad -se lamenta Palma-. El Estado tiene que ayudarnos con el acceso a la información, y de manera confidencial".

Quienes nacieron en la Capital tienen puesta la esperanza en la ley 2.202, de apertura de archivos en hospitales y clínicas, cuya reglamentación está a la firma de Mauricio Macri. En la Provincia, en cambio, el gobernador Scioli desactivó hace un año el programa "Reencuentros", que había sido consensuado con las agrupaciones. "No buscamos más que conocer la verdad, para cerrar un capítulo tan importante como las raíces y la prehistoria de nuestra vida -resume Edén Carrizo-. Necesitamos derribar esa muralla permanente con la que vivimos, y seguir adelante con la vida de uno".

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