jueves, 16 de octubre de 2008

Videla sigue preso en uno de los sitios donde su dictadura robaba bebés

Videla sigue preso en uno de los sitios donde su dictadura robaba bebés

Abuelas de Plaza de Mayo cuestionó que el dictador Jorge Rafael Videla esté preso en una cárcel a cargo del Servicio Penitenciario Federal en Campo de Mayo, donde el Terrorismo de Estado que él encabezó instaló después del 24 de marzo de 1976 un Centro Clandestino de Detención, Tortura y Exterminio. Allí, según testimonios judiciales de ex empleadas del Hospital Militar, la mayor maternidad clandestina en esos años, fueron robados bebés de personas que todavía están desaparecidas.
El general Agatino Di Benedetto, director del Hospital Militar durante la dictadura, reconoció en 1998 ante el juez Adolfo Bagnasco que allí dieron a luz mujeres trasladadas desde el penal de Campo de Mayo. En otras causas, cuatro ex empleadas relacionaron la cárcel con embarazos y partos, y sobrevivientes al exterminio dijeron haber visto cunas de madera y ropa de bebés en celdas que sus captores les obligaban a limpiar. Sobre más de treinta mujeres embarazadas secuestradas en la zona militar 4, con epicentro en Campo de Mayo, apenas en cinco casos los hijos recuperaron su identidad.
En diciembre, cuando el represor condenado Héctor Febres apareció envenenado en su dúplex de Prefectura, Abuelas solicitó a los jueces que los militares presos en unidades de Fuerzas Armadas fueran trasladados a cárceles comunes. La ministra de Defensa, Nilda Garré, firmó un convenio con su par de Justicia para transformar el Instituto Penal –donde se alojaba la mayor cantidad de represores– en una unidad del Servicio Penitenciario. Allí debió ser trasladado Videla por una orden dictada el viernes pasado (10/10) por el juez federal Norberto Oyarbide, quien revocó su prisión domiciliaria.
“Es inaceptable la idea de que Campo de Mayo sea una cárcel común, más allá de la custodia a cargo del Servicio Penitenciario”, expresó Luciano Hazán, abogado de Abuelas de Plaza de Mayo, quien consideró inadecuado a ese sitio “en términos simbólicos”, en tanto “es un lugar donde funcionó un centro clandestino, donde se torturó y mató, y donde nacieron niños en cautiverio”. Además, señaló que “no hay garantías de que se cumplan los fines de la detención, de que los militares no tengan privilegios, no puedan escaparse o ser asesinados. ¿Qué puede hacer un penitenciario en medio de un regimiento, aislado, donde están subordinados al Ejército?”.
(Páginal12, pág. 16 - Diego Martínez; Crítica de la Argentina, pág. 14 – 15/10/08)

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