lunes, 13 de octubre de 2008

Cacerolazo para pedir que aparezca Sofí

FUENTE DIARIO LOS ANDES

Gisele Sousa Dias - Especial para Los Andes

Cuando el reloj marcó exactamente las 11.30, alguien abrazó a una soga y, de un tirón, hizo sonar una campana gigante. Hubo un segundo de silencio hasta que alguien se atrevió a golpear la panza de un cucharón contra la tapa de una olla. Y lo siguieron todos. Le pegaron a las cacerolas con batidores, a los palos de luz con pinzas, a las llantas de autos con tenedores. Y siguieron golpeando, sin decir una palabra, durante una hora y media.

Los vecinos de Río Grande ya recorrieron casa por casa buscando información, ya organizaron una marcha diaria, ya no saben qué más hacer para pedir a la Justicia por la aparición con vida de Sofía Herrera. Ayer hicieron el primer cacerolazo por el caso y lo hicieron a las 11.30, en el momento exacto en que se cumplieron dos semanas de su desaparición.

Rubén Rosales, uno de los vecinos que para llenar los baches de la Justicia organizó los patrullajes de vecinos puerta por puerta, puso las únicas palabras a una movilización que habló por los carteles y el ruido de las cacerolas: "Yo le pregunto a la dirigencia política, ¿dónde están?". Todos asintieron, nadie supo contestar.

Y siguió: "No nos callemos más la boca. No queremos más delincuentes protegidos por la Justicia. Si esta Justicia es sorda tendremos que usar todos los días las cacerolas para que nos escuche".

Empezaron pocos y el resto se fue sumando. Los que estaban en sus autos en otras partes de la ciudad, se sumaron con bocinazos entrecortados. Quienes no llevaron cacerolas, levantaron los carteles con la cara de Sofía el día de su bautismo. Quienes pasaron, frenaron y se bajaron de sus autos, al menos para aplaudir. Otros, que entendieron que la intención simbólica era hacer ruido para no dejar que la Justicia se duerma, llegaron al cruce de las avenidas San Martín y Belgrano con bombos y redoblantes.

María Elena, la madre de Sofía, las dos abuelas y los tíos, los miraban de frente, con una bandera con la cara de la nena apretada entre las manos.

Por primera vez, y después de 14 días sin una sola respuesta, fueron a pedírselas a las autoridades. Caminaron hasta la casa del intendente de Río Grande, Jorge Martín, y pasaron frente a la de la gobernadora fueguina, Fabiana Ríos. Ninguno de los dos salió para apoyar el reclamo, menos para dar las respuestas que no tienen.

Y fue ahí que María Elena quiso pasar por el puesto de Gendarmería: "Quería preguntarle a algún jefe por qué ese domingo tardaron tantas horas en controlar a los que cruzaban a Chile", contó. Y nada: "Me dijeron que no había nadie que pudiera contestarme".

Pasaron por la Jefatura de Policía, por la Legislatura y por el Juzgado Federal. Y con las cacerolas abolladas de tanta descarga, volvieron al punto de partida. Allí, un pasacalle agujereado para dar paso a la furia del viento, tal vez explicaba por qué estaban ahí: "Nadie está exento", decía.

Con sus 5 meses de embarazo, María Elena los seguía de cerca. Le preguntaron dónde estaba Fabián, su marido. Contestó que otra vez "se fue a buscar a Sofi al campo". Y agregó que esta vez "se llevó un huevito Kinder y un chupetín Pico Dulce, para regalárselos cuando la encuentre".

CC

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