lunes, 7 de julio de 2008

Historia de una adopción ilegal

Mendoza
Diario UNO MENDOZA 6/06/08

Historia de una adopción ilegal

La experiencia de vida de Cecilia Sicardi fue retratada en un cortometraje proyectado en el festival de cine de Mar del Plata. Proponen que sea difundido en las escuelas para alertar sobre este flagelo.
Cecilia Osorio
cosorio@diariouno.net.ar


Cecilia Sicardi (39) nació en Mendoza, pero hoy camina por las calles de Buenos Aires sin certezas sobre su origen. Fue adoptada ilegalmente por un pastor metodista, según cree, en abril de 1969, aunque en el DNI que le entregaron figura como nacida el 15 de mayo de ese año.

La historia de esta mendocina de nacimiento fue narrada en un cortometraje que, desde la Legislatura provincial, impulsan para que sea difundido en las escuelas locales. Esta medida tiende a, como agrega el proyecto, concientizar a los alumnos en la idea de que “la identidad biológica es un derecho de todos”.

Pacto de silencio, tal como se denomina el filme de Diego Velázquez Viard –distinguido como Mejor Corto en el XX Festival Internacional de Cine de Mar del Plata–, revela la oscura realidad que se esconde tras las adopciones ilegales, por las cuales cientos de chicos se ven obligados a cargar de por vida con el peso de sus identidades expropiadas.

“Mi sueño es volver a la provincia y averiguar lo que sea, porque cuando me llevaron tenía apenas un mes”, afirma Sicardi a Diario UNO, y agrega que está decidida a retomar la búsqueda de datos de su procedencia.


“Antes las cosas se hacían así”
La madre adoptiva entró a la sala de partos con su documento y se lo entregó a quien se haría cargo de resolver el trámite. El DNI serviría para que la humilde mujer, a punto de dar a luz, se identificara en el hospital.

Los Sicardi vivían en el edificio de la Iglesia Metodista de la calle Espejo de Ciudad. Habían llegado desde Córdoba pocos años antes. Según supo Cecilia, fue una señora que asistía siempre a las reuniones, de nombre Ana, quien les informó a los Sicardi que una pareja estaba por tener un bebé que no podían criar por no contar con los recursos para hacerlo.

Una vez consumada la adopción, los Sicardi fueron trasladados a una iglesia de Bahía Blanca, momento en el que Cecilia dejó atrás los rastros sobre su origen.

“Es difícil, porque uno no vive bien. Pensás permanentemente que tendrías que estar en otro lugar, que tu destino sería otro, y que nunca vas a saber de qué se hubiera tratado”, reflexiona la mujer, y dice que las explicaciones de sus padres fueron siempre poco convincentes. “Antes las cosas se hacían así”, le repitieron desde joven.
“Fue mi padre quien me proporcionó algunos datos borrosos, como que había nacido en la clínica Santa Rosa y que podría tener una hermana cinco años mayor que yo”, acota la entrevistada, que se enteró de su origen a los 6 años, aunque en ese entonces le dijeron que sus padres habían muerto en un accidente.

Los intentos por aclarar los oscuros matices que teñían su historia la llevaron a una vida de miedos e inseguridades: “Siempre fui una chica conflictiva, por eso de niña vivía de psicólogo en psicólogo. Además, mis padres adoptivos se separaron cuando yo tenía 15 años, lo que de algún modo complicó la situación”, describe. Pese a lo arbitraria que fue la vida con ella, la mujer, que vive a dos cuadras del Obelisco, dice no cuestionar a las personas que la criaron por el modo como actuaron.


Ser madre le dio otra visión
Fue al dar a luz por primera vez cuando Sicardi cambió la visión sobre su propia historia. “Tuve odio por mi madre, no entendía por qué me abandonó. Pero hay momentos en los que la necesitás con desesperación, como en la sala de parto: no dejé de pensar en ella”, confiesa. “Siempre me dio vergüenza ser adoptada, porque crecí en una sociedad donde somos vistos y tratados como ciudadanos de segunda. Cuando nació mi hija entendí que tenía que asumir mi condición y no castigarme tanto”.

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